El Peso de los Evangélicos en las Elecciones

Por David Simba

Asesor político y estratega comunicacional.  

Fundador de la iniciativa Políticos Cristianos.

Nuestro continente ha visto un inusitado fenómeno en los últimos años: la irrupción de los evangélicos en el escenario electoral. De acuerdo al sociólogo suizo Lalive d´Epinay (1968), esta minoría religiosa ha permanecido en un estado de huelga social por muchos años. Sin embargo, poco a poco se está despertando y está tomando cada vez mayor protagonismo en el espacio político.

En el 2017, el candidato por el partido republicano, Donald Trump, vio la necesidad de contar con el apoyo de los evangélicos de su país, de tal modo que aun su vicepresidente fue elegido de este sector religioso, el conservador Mike Pence. En Estados Unidos los evangélicos son la mayoría religiosa.

Trump llegó al poder.

En el 2018, el candidato de izquierda Andrés López Obrador también entendió la importancia de tener de su lado a los evangélicos. Esto lo llevó a incluir dentro de su coalición electoral al Partido Encuentro Social, conformado por evangélicos. En México son una minoría religiosa que se estima en un 9%. López Obrador llegó al poder.

 

En el 2018 también, el candidato de la derecha, Jair Bolsonaro, logró conseguir el apoyo de los evangélicos, quienes comparten su postura crítica frente a la agenda del feminismo radical y del movimiento LGBTI. Se calcula que el 26% de brasileños son evangélicos. Bolsonaro llegó al poder.

 

Aunque estos últimos, son los casos más importantes y recientes, este fenómeno viene dándose en la región aproximadamente desde la década de los noventa. El ex Presidente del Perú, Alberto Fujimori, llegó al poder siendo casi un desconocido. Su estrategia se basó en aprovechar la estructura de las iglesias evangélicas y trabajar con ellas en el territorio. Incluyó a varios evangélicos dentro de las candidaturas al congreso y ganó las elecciones. Aunque él no era evangélico, lo llamaban comúnmente: el hermano Fujimori.

En Colombia a raíz de la Constituyente de 1991, los evangélicos se organizaron para reclamar sus derechos religiosos y plasmarlos en la nueva carta magna. Desde entonces han surgido por lo menos siete partidos políticos vinculados al sector evangélico. Más recientemente en el 2016, este mismo país fue testigo del poder de los evangélicos al momento de decidir en las urnas. De manera sorpresiva voltearon las tendencias que auguraba la victoria del SI en el plebiscito por el acuerdo de paz con grupos irregulares. Varios grupos religiosos se organizaron y promovieron la campaña por el NO, argumentando que el acuerdo contenía temas relacionados a la denominada ideología de género. Los analistas coinciden que el peso del voto de los evangélicos fue determinante.

 

Como último ejemplo, se puede apreciar el caso de Costa Rica. En el 2018 el candidato evangélico Fabricio Alvarado, llegó a la segunda vuelta, enfrentando al candidato oficialista. Aunque no alcanzó la presidencia, lograron las curules necesarias para convertirse en la segunda fuerza política de ese país.

Existen diversas variables que pueden explicar esta irrupción de los evangélicos en la política de la región. Una de las principales razones es sin duda, la referente a la llamada ideología de género. La agenda de los grupos feministas y LGBTI relacionada al aborto, el matrimonio igualitario y temas similares, ha generado una reacción de parte de los grupos religiosos en especial de los evangélicos. En los diferentes países los evangélicos han participados en marchas masivas en protesta a la aprobación de leyes que consideran nocivas para la vida y para el concepto de la familia tradicional.

Se calcula que los evangélicos en la región alcanzan un 20% en promedio, en el Ecuador se estima que los evangélicos estarían bordeando el 15% de la población. Nuestro país tiene un retraso de varios años respecto a los procesos de sus vecinos cercanos. Las luchas por los temas de género, aborto, y matrimonio igualitario, parecían no llegar al Ecuador. Esto debido a que la década del correísmo estuvo marcada por la posición conservadora de su líder, quien se opuso a la aprobación de estos temas, que fueron, irónicamente, impulsados por la mayoría de miembros de su propio partido.

Sin embargo, apenas asumió su sucesor en el poder, el primer proyecto de ley que envió a la Asamblea fue el de la Erradicación de la Violencia Contra la Mujer, una ley que según los sectores religiosos contenían temas de género que afectaban la educación de los menores de edad. Esto impulsó la primera marcha de los sectores evangélicos que se unieron a los católicos y movilizaron cientos de miles de personas en todo el país. En el 2019 se repitieron las movilizaciones multitudinarias por la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo por la Corte Constitucional y por el intento fallido de despenalizar el aborto por varias causales en la Asamblea Nacional.

Estamos a puertas de un proceso electoral y en los movimientos y partidos políticos que conocen este fenómeno, existe la inquietud de como captar el voto y el apoyo de estos sectores, que como se ha visto, pueden marcar la diferencia en cualquier escenario electoral. Esto cobra mayor relevancia en el proceso democrático que el país enfrentará en el 2021, donde existe una importante fragmentación y donde el voto de esta minoría religiosa podría ser el determinante para la victoria de cualquier candidato.

Entender el mundo evangélico no es una tarea fácil, pues es sumamente diverso, y a diferencia del catolicismo donde existe cierta jerarquía institucional, los evangélicos tienen una dinámica muy distinta. Herederos de la reforma protestante del siglo XVI creen en una relación directa con Dios sin intermediarios religiosos. La figura de un papa o sumo pontífice no existe entre los evangélicos, pues ven en la Biblia la máxima autoridad para la iglesia.

 

En lo político esto implica la ausencia de un representante de la iglesia evangélica con el cual entrar en dialogo, pues precisamente no existe una iglesia evangélica, sino diversas iglesias evangélicas, pocas veces agremiadas, siempre atomizadas y esparcidas por todos los rincones de los países. Ahora bien, hay que diferenciar entre lo que sería la participación política de los evangélicos y el voto o apoyo que estos puedan dar a un candidato no evangélico.

En cuanto a la participación en el Ecuador, han existidos tres experiencias que vale la pena destacar. En 2010 los indígenas evangélicos participaron con movimiento propio pero con candidato ajeno. El movimiento Amauta Jatari lanzó la candidatura presidencial de Antonio Vargas, ex dirigente de la CONAIE que alcanzó apenas el 0.86% quedando en último lugar en esas elecciones. En 2007 la pastora Melba Jácome del Movimiento Tierra Fértil, lanzó su candidatura a la presidencia, con un discurso más bien ligado a lo religioso y a lo empresarial, logró el 1.35% de los votos. Posterior a esto el pastor Nelson Zavala se lanzó a la presidencia, terminando en último puesto con el 1.23% de votos y con demandas legales en su contra interpuestas por colectivos LGBTI que consideraban que su discurso fomentaba el odio.

 

Basado en los hechos, al parecer el camino de la participación pastoral no es la ruta a seguir en el Ecuador pues ni siquiera lograron el apoyo de los mismos evangélicos. Los primeros casos observados en este artículo dan cuenta que el fenómeno se encuentra concentrado en las bases evangélicas, y en la capacidad de los partidos y candidatos para lograr llamar su atención. Al no tener una estructura jerárquica, ni figuras que representen la totalidad de la iglesia y por tanto la ausencia de un interlocutor válido, la clave podría estar en captar la atención de los laicos, es decir de los asistentes de las iglesias y no concentrarse solamente en sus líderes.

 

Esta tarea de captar el apoyo electoral de este universo de personas en Ecuador, podría asegurarle a cualquier candidato la cantidad suficiente de votos para llegar a una segunda vuelta en el marco de unas elecciones que se avizoran muy cerradas. Resta ver las estrategias que utilicen las organizaciones políticas y los candidatos presidenciales para logar este cometido. Será un gran desafío ya que es un tema muy nuevo y poco estudiado, al que los consultores políticos e investigadores le han dado poca importancia pese a ser tan vigente y relevante. En medio de tanta incertidumbre política, no sorprendería que los resultados electorales del 2021 sean determinados por el voto y apoyo de los evangélicos como ya ha ocurrido en varios países.

 

“Los evangélicos no solo están participando en las elecciones de sus países, sino que además han crecido de manera tan rápida, que los partidos políticos buscan llamar su atención e intentan captar de diversas formas los votos de este importante sector.”

David Simba

 

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