Ecuador, Un País Sin Identidad Política.

Por Diego Gortaire León

Sociólogo y Ex Asesor del Concejo Metropolitano de Quito.

A pocos meses de que Ecuador viva un nuevo proceso electoral, la crisis en cuanto a representación social se encuentra totalmente debilitada. Hoy por hoy, hablar de política en nuestro país es sinónimo de corrupción, de hipocresía, de mafia, de vergüenza. Los “debates” políticos en el país se han limitado únicamente a expresar con bastante furor frases que carecen de todo tipo de fundamento o lógica con respecto al campo en el que las discusiones de la administración pública se manifiestan.

Entre 2007 a 2017, Ecuador pudo ver en la práctica pública un intento por llegar a inscribir en la historia de nuestra nación los postulados del llamado estado de bienestar keynesiano; entre 2017 a 2020, y muy contrario al gobierno del ex presidente Rafael Correa, nuestro país ha podido vivir las consecuencias de un estado apegado a la práctica impuesta por el Fondo Monetario Internacional y decisiones que conducen al retroceso de los derechos conseguidos, como por ejemplo, el haber aprobado en la Asamblea Nacional la mal llamada “ley humanitaria” que de humanitaria no tiene absolutamente nada.

Dos gobiernos totalmente contrarios han gobernado nuestro país en menos de 15 años, dos gobiernos que han instaurado con todo el rigor de la práctica política sus decisiones dejando de lado el mandato popular y jugando con la democracia como un niño con un pedazo de plastilina al cual puede destruir, darle forma, darle uso, o simplemente arrojarlo a la basura.

El país se concentró tanto en un modelo económico a seguir que descuido el liderazgo político y la profesión de ser político. Durante el gobierno de Rafael Correa, la maquinaria de Alianza País arrasaba en todo tipo de elección y consulta popular, con excepción de Guayaquil en donde el voto fuerte y sólido del partido social cristiano nunca pudo ser reducido pues dicha tendencia se ocultaba en las mentiras de llamar al puerto principal un modelo exitoso;  y en Quito, en donde en el año 2014 la ciudad capital le dio la espalda a la “revolución ciudadana” y optó por darle el voto a Mauricio Rodas, uno de los peores alcaldes que ha podido llegar al palacio municipal ubicado en el centro histórico.

Las consecuencias de haber dejado al margen la importancia de la representación social se está evidenciando en la actualidad. En el año 2019, Ecuador vivió un proceso electoral en donde se eligieron prefectos, alcaldes, concejales y vocales a juntas parroquiales, y tan solo en Quito se postularon 17 candidatos a la alcaldía; a pocos meses de las elecciones presidenciales en nuestro país (2021), el país ya cuenta con más de 10  posibles candidatos a la presidencia: Cristina Reyes, Guillermo Lasso, Isidro Romero, Yaku Pérez, Leónidas Iza, Lucio Gutiérrez, Guillermo Celi, Álvaro Noboa, Otto Sonnenholzner, Galo Lara, Fernando Balda, Andrés Páez, Carlos Rabascall, Gustavo Larrea, Abdalá Bucaram y los que falten por aparecer.

¿A mayor número de candidatos se fortalece la democracia? Esta pregunta ha estado presente entre los expertos y las autoridades de nuestro país, a mi parecer la respuesta es que no y considero que a mayor número de candidatos la democracia se debilita por tres razones:

  1. El capital electoral en cuanto a representación política se encuentra posicionado en menos de 5 organizaciones de nuestro país
  2.  Cuando existe un gran número de candidatos, quien obtiene el mayor número de votos lo hace con un porcentaje que no representa de manera parcial al electorado, un claro ejemplo es la victoria de Jorge Yunda en Quito con apenas el 21,3% entre 17 candidatos

Los espacios que son buscados por nuevos perfiles o cuadro políticos no llegan a compartir sus propuestas pues los medios de comunicación se centran en las figuras ya posicionadas.

Tan preocupante es la crisis del liderazgo político en nuestro país que me atrevo a decir que las valientes manifestaciones de los hermanos indígenas, estudiantes, amas de casa, gremios de trabajadores y ciudadanía en general en octubre de 2019 no lograron estructurar una fuente confiable con respecto a una figura que pudiese proponer un proyecto de unificación nacional. Claro que saltaron al tablero electoral figuras como Leónidas Iza presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi, o Jaime Vargas presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), sin embargo, este surgimiento del sector indígena no alcanzó más que objetivos a mediano plazo y por las grotescas y pésimas declaraciones del ex alcalde de Guayaquil Jaime Nebot al decir que los indígenas tenían que quedarse en el páramo, volvió a surgir la maldición regionalista que ha enfrentado a la costa y la sierra ecuatoriana.

La disputa electoral que el país vivirá estos meses acatará la más vergonzosa representación de llamadas “alianzas” en donde se coalicionará intereses particulares como sucedió en el año 2017 con la alianza entre los movimientos SUMA y CREO en donde el movimiento del ex alcalde de Quito Mauricio Rodas (suma) aprovechó esta posición para convencer a la segunda fuerza política del país de aquel entonces liderada por Guillermo Lasso (creo).

Al parecer hoy en día “cualquiera” puede ser candidato a la presidencia, solo se necesita haber aparecido en un escándalo público, ser parte de la red de corrupción y delincuencia organizada que tiene de manos atadas al país, o haber causado alguna polémica jurídica o política en los últimos meses para ya ser considerados como posibles salvadores del Ecuador.

La democracia está partida y sigue siendo usada por los sectores empresariales que ven en la administración pública la oportunidad de legitimar sus malas prácticas laborales y dependerá únicamente del interés que le demos a la política el poder rescatar a nuestra nación de esa bochornosa imagen que le hemos dado al mundo de cómo se administra nuestros recursos pensando en las futuras generaciones.

 

 

 

“La disputa electoral que el país vivirá estos meses acatará la más vergonzosa representación de llamadas “alianzas” en donde se coalicionará intereses particulares como sucedió en el año 2017”

Diego Gortaire León.

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