Las Enseñanzas que deja la Victoria de Lasso en la Segunda Vuelta

Por Ignacio Loor Vera

Han pasado algunas semanas desde que el derechista Guillermo Lasso se impuso al candidato de izquierda Andrés Arauz.

En el presente artículo, intentaremos, desde un análisis en frío, analizar las razones por las que Lasso se impuso y las enseñanzas que su campaña deja.

Háblale a la gente, no a los militantes:

Guillermo Lasso habló a los ecuatorianos. En su campaña, se dejaron a un lado las banderas partidistas y apareció el símbolo patrio por excelencia: la bandera del Ecuador. El “encontrémonos”, su slogan de campaña, fue la columna vertebral de su estrategia, lo que le sirvió para entablar diálogos con minorías poco conservadoras de las que él, un católico ortodoxo, se había alejado. También sirvió, claro está, para acercarse a los jóvenes hablando su lenguaje, escuchándolos. En campaña, más que hablar, hay que escuchar, pero no solo escuchar a tu voto duro, sino a quienes finalmente terminan decidiendo una elección: los indecisos.

La campaña de Arauz, su mensaje, fue enfocado en demasía hacia la militancia, que, al fin y al cabo, es voto seguro. Si quieres ganar, vas a tener que romper el cerco de tu votación dura.

Ten un equipo multidisciplinario y disciplinado:

Lasso cambió de equipo para la segunda vuelta. Se hizo de Duran Barba como su estratega, y sumó a sus filas a los estrategas digitales de Hervas. El resultado: la renovación de la imagen del candidato de más de edad del balotaje, pero que, en campaña, pareció más joven que Arauz que apenas tiene 36 años. La frescura de un candidato no es cosa de edades, sino de como comunicas.

Muchos méritos tienen quienes manejaron la campaña de redes de Lasso, su equipo de comunicación, asesores de imagen, etc., basado en la estrategia de un experimentado Duran Barba. Fue claro que la estrategia fue cumplida de forma disciplinada, lo que siempre resulta un reto en las campañas en las que hay que poner orden sobre el caos. Equipo y disciplina.

La construcción del icono:

Un icono puede resumirte toda una campaña. Se trata de semiótica. La imposición de un símbolo tiene algunos efectos: recordación, apropiación y movilización.

Lasso lo hizo y le funcionó: sus zapatos rojos, en principio desviaron la atención pública tras la entrada al debate de un fraude no demostrado contra Yaku, pero, sobre todo, se convirtió en un identificador de la campaña del actual presidente electo, de su militancia y de los votantes que fue sumando.

En las campañas modernas, sino construyes un símbolo, se te hará más difícil posicionarte en la mente del elector.

Identifica a tu enemigo:

Si no logras imponer tu narrativa, si no cuentas tu historia, el “enemigo” puede contarla por ti. La campaña de Lasso logró posicionar a Arauz de forma negativa, con una sola frase, que luego se hizo meme, con el “Andrés, no mientas otra vez”. La frase fue calculada porque luego de que fuera dicha por Lasso en el debate se replicó en distintos productos de forma endógena (propios de la campaña oficial) y exógena (de campañas paralelas o por fuera de la campaña).

Habla lo más sencillo posible:

En este punto, hay que entender algo que a muchos no les agrada: las campañas políticas no son para educar, son para ganar. De nada sirve explicar teorías económicas si el elector no las va a entender. Arauz utilizó un lenguaje muy académico, muchas veces lejano, y, sobre todo, muy ideológico y militante. Lasso, por su parte, habló de la forma más sencilla, se alejó de los discursos polarizantes y logró meterse en el medio de la grieta entre correismo y anticorreismo.

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